LA GARANTÍA IMPLÍCITA DE UN PRODUCTO

31 Jul

LA GARANTÍA IMPLÍCITA DE UN PRODUCTO

Implícita, palabra que evoca un significado aplicado en nuestro diccionario español, referido a aquello “que está incluido en una cosa, sin que esta lo diga o lo especifique”.  Desprovisto de triquiñuelas, o artimañas para el acto de descifrar lo que entraña dicho objeto comercializado, en el mercado, amenazado de desequilibrios informativos, debido a la carencia de una distribución equitativa de información, que se le acentúa, muchas veces, en disparidad en el consumidor, debido a una inadecuada dosis que es difundida a modo de inoculación en las mentes hominum.

Por lo que una garantía se denomina implícita, a diferencia de la legal y explícita, tal como se estatuye en el lineamiento de protección al consumidor del INDECOPI del año 2016: “cuando, ante el silencio del proveedor o del contrato, se entiende que el producto o servicio cumplen con los fines y usos previsibles para los que han sido adquiridos por el consumidor considerando, entre otros aspectos, los usos y costumbres del mercado”

Mientras que Garantía, es entendida como la “seguridad de que una cosa va a suceder o realizarse”. Esto trasladado, a lo que el consumidor espera o desea en relación a su producto, tiene en sí mismo una relevancia notoria, más aún, si esa misma se añade como parte de su propia naturaleza, pese a que esta no se manifieste por escrito o por algo semejante, que facilite su revelación ante los ojos de un expectante interesado, y que se muestra inherente a su propia razón de ser, objeto que por su comercialización se desprende una caracterización esgrimida a una consecuencia de su misma compra, que ante cualquier contingencia, se podría reforzar la finalidad de asegurar una confiabilidad de su estándar de calidad.

Por lo que una garantía se denomina implícita, a diferencia de la legal y explícita, tal como se estatuye en el lineamiento de protección al consumidor del INDECOPI del año 2016: “cuando, ante el silencio del proveedor o del contrato, se entiende que el producto o servicio cumplen con los fines y usos previsibles para los que han sido adquiridos por el consumidor considerando, entre otros aspectos, los usos y costumbres del mercado”.  En este sentido se dice que este tipo de garantía se concreta a través de una expectativa cifrada por el consumidor, de manera legítima, sobre el producto o servicio que obtiene, al margen de lo legalmente estipulado y de lo prometido por la empresa proveedora o contratada.  Verbigracia: conforme lo señala la Resolución Nº 011-2012/SC2-INDECOPI, “Respecto de productos electrodomésticos nuevos, que estos no presenten fallas al poco tiempo de adquirirse. Ello pues no resulta previsible para un consumidor que, transcurrido un breve plazo (3 meses) de haber adquirido uno de estos productos, se presenten desperfectos en su funcionamiento”.

Es así que esto precisa una dosis adecuada de razonabilidad y proporcionalidad, como condición para suscitar evidentes las características y términos del producto, resultando por tanto patente para ambas partes interesadas, tanto la empresa proveedora como el consumidor, lo que pasaría con el producto, si éste resultaría con defectos, que a su vez propicien a modo de compensación, lo razonable y proporcionalmente entendible, ante el mismo hecho de compra, que confiere al ciudadano consumidor, el derecho legítimo de no ver defraudadas sus expectativas, aunque la ley y el proveedor guarden silencio.

Entendiendo que la expectativa de un consumidor es un sentimiento justificado, recaído en la esperanza o ensoñación de llevar a la escena de la realidad, un determinado propósito.  En el ámbito comercial, se entiende esto como el acto del consumidor en ponerse con antelación a una situación que vivirá al comprar o adquirir un señalado producto o servicio respectivamente.  Esta antelación será singular para el consumidor, al ser coherente en su propia experiencia y conocimiento, en merito a que la compra a realizar sea de alguna forma generalizada y la experiencia por si misma más habitual.  Es así que cuando adquirimos un producto, éstos en su gran mayoría cuentan con una garantía explícita, que determina expresamente la llegada en la responsabilidad que asumiría el proveedor, como consecuencia de un inadecuado funcionamiento del producto vendido.  Sin embargo y ante la inexistencia de la garantía explícita, y naturalmente también de la legal que esta reseñado fundamentalmente por mandato legal, hacia la no permisividad de que ciertos productos sean comercializados sin la debida garantía, estaría abierta la posibilidad por parte del consumidor a invocar una de tipo implícita, conforme a lo definido en el artículo 20 de la Ley 29571 – Código de Protección y Defensa del Consumidor, que, según los usos y la costumbre del mercado, estaría para ser otorgado en una vigencia de alrededor a un año calendario después de la compra, tiene como fin conceder al consumidor una protección básica, para de esta manera materializar una máxima que señala a todo producto en el mercado con el deber de cumplir con su propia finalidad o funcionalidad.  Es por eso que cuando nosotros compramos una lavadora, esta tiene que cumplir su función de lavar.  Asimismo, la Sala Especializada de Protección al Consumidor en su resolución 1008-2013/SPC-INDECOPI, precisó que ante un producto que manifieste defectos durante su funcionamiento, le corresponde al proveedor asumir su responsabilidad, estando por tanto en el deber de hacerlo, por medio de los conocidos remedios legales destinados para ello, tales como: La reparación, reposición o la devolución del dinero abonado por la adquisición del producto.  De este modo se deja una línea de actuación más definida ante la ausencia de una garantía expresa (explícita o legal), dando paso de esta forma a una clase de reparación más objetiva y realista, en acorde a lograr que la  expectativa del consumidor no se vea, por lo menos del todo, defraudada.

Sin embargo y sin desatender en absoluto lo recién mencionado, es preponderante cotejar previamente el tipo de garantía que se tendría que invocar posterior a la compra del producto, y si ésta en efecto satisficiera lo esperado, en el afán de que los consumidores no se defrauden a sí mismos, y así poder contribuir con el derrotero de todo consumidor diligente, consistente en la toma de una decisión acertada a la hora de adquirir el producto.

Autor: Colin Fernández Méndez

Abogado de la Universidad Privada Antenor Orrego, con estudios de Maestría en Derecho Civil Empresarial, con especialidad en Derecho Administrativo en el Instituto de Capacitación Jurídica, Miembro del Consejo Consultivo de la Sociedad de Derecho de la Propiedad Intelectual y de la Competencia y autor del Libro “Una Revolución llamada Propiedad Intelectual” y de varios artículos en revistas jurídicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y la Universidad San Martin de Porres.

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