LA CRISIS DE LA COVID-19 Y SU RELOJ DESPERTADOR A UN REDISEÑO DE LAS AFP.

29 Abr

LA CRISIS DE LA COVID-19 Y SU RELOJ DESPERTADOR A UN REDISEÑO DE LAS AFP.

 

Hace unos días al tomar conocimiento por teléfono, de lo ocurrido con una angustiada mujer, que me contaba, previa a su consulta, haber sido aportante de una de las únicas 4 –exíguas- AFP, existentes en el país, relatándome haber acudido al banco, en el que fue depositado, su monto a retirar de hasta S/ 2000, en cumplimiento de lo ordenado por el decreto de urgencia 034-2020.  Para su total asombro, que según ella misma pronuncia, “casi me da un infarto”, tan solo encontró la miserable cantidad de S/ 50, después de haber sido descontada mes a mes, por su AFP, durante el lapso de 2 años consecutivos, de una remuneración mensual de S/ 1200, recibiendo la mera explicación de que esto fue producto de la caída de la bolsa, como consecuencia de la crisis epidemiológica de la COVID 19,  lo que resultó mermando sus montos aportados, de su fondo tipo 3, que ascendían en un cálculo aproximado de más de S/ 3500.  Conllevándome esto a escribir el presente artículo a fin de desmontar algunos mitos, y conceptos antagónicos a la necesidad que hoy más que nunca nos apremia, sacudidos por una especie de reloj despertador en la urgencia de despertarnos, a una reforma que rediseñe el sistema privado de pensiones (SPP), sin dejar de refilón, en incluir a esta también, al SNP – ONP».

LAS CRISIS PROPICIAN UN REDISEÑO DE HERRAMIENTAS.

El filósofo estadounidense Kuhn (1970, p. 127) dijo: “El volver a diseñar herramientas es una extravagancia reservada para las ocasiones en las que sea absolutamente necesario hacerlo. El significado de las crisis es la indicación que proporcionan de que ha llegado la ocasión para rediseñar las herramientas”, y es que ante una coyuntura amenazante, premunida de inestabilidad de efectos colaterales, se debe dar apertura al comienzo de una urgente y oportuna etapa de reflexión, que lleve consigo, lo que el mismo diccionario nos refiere, a la hora de asignar una definición a la palabra crisis, presentándonoslo como “una situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”.  Poniendo en reflote la urgencia de tener la hidalguía en reconocer a donde nos siguen llevando ciertos procesos que todavía continúan en marcha, pero que debido a este panorama un tanto sombrío, se nos demanda en rodar el timón, de nuestra embarcación, hacia otra dirección que nos rediseñe la nueva ruta que nos encauce hacia aguas albuminosas, lejos de las actuales fuentes difusas por donde estamos navegando,  para de esta forma continuar previsionalmente más seguros por nuestro viaje.

La últimas 7 crisis financieras que se han desencadenado en estos últimos 20 años, como fueron las Crisis mexicana, asiática, rusa, brasileña, argentina, hipotecaria subprime y europea (originada en Grecia), no pudieron desmontar la trama enmarañada, que revistió desde un inicio la estructura de gestión sobre la administración de los montos de sus aportantes, relacionadas a las AFP’s, que irónicamente tuvo que venir una de naturaleza epidemiológica, para que mostrando previamente la inmensa vulnerabilidad sobre la cual esta edificado nuestro sistema de Salud, descuidado por cierto en magnitudes ahora recién notorias, por todo el aparato presupuestal del gobierno, sople el naipe de la base que mande abajo todo su castillo, descubriéndonos más allá otro, esta vez vinculado a nuestros fondos pensionarios para nuestra jubilación, sostenida también por una no mejor base que en magnitud tenga igual o hasta peores deficiencias para nuestro futuro.

Esto aunado a la crisis e informalidad del empleo, hoy más agudizado debido a la parada económica sufrida en nuestro país, debido al estado de emergencia prolongado, hasta el cierre de este artículo, para 42 días naturales, están ubicando al país en una situación de zozobra angustiante y generalizada.

La cifras no pueden mentir, y así pues, conforme datos de la Oficina de Normalización Previsional(ONP), del Ministerio de Economía y Finanzas y del instituto Nacional de Estadística e Informática(INEI), tenemos, proyectada en total de 32 millones 131 mil 400 habitantes.  Dentro de la cual la Población Económicamente Activa (PEA) es de aproximadamente 17,5 millones, de los cuales están incluidos más o menos 700 mil beneficiarios del programa Pensión 65, quienes reciben una subvención bimestral de S/ 250. El presupuesto se ha incrementado significativamente pasando de S/. 13 millones en el 2011 a  casi S/. 1000 millones en el 2020. Están afiliados a algún sistema de pensiones apenas 8 millones.  De estas personas afiliadas, 2 millones corresponden al SNP y alrededor de 6 millones al SPP.  Pero lo más grave es que de los 8 millones solo cumplen con aportar apenas 4,3 millones de personas; es decir, alrededor del  25% de la PEA.  Por otro lado la población Adulto Mayor (PAM), correspondiente a los que tienen más de los 60 años, los más cercanos a jubilarse al presente año 2020 alrededor de 4,08 millones de personas; esto quiere decir, un aproximado de un 12.7% de la población total. 

De esos 4,08 millones de personas, solo están percibiendo una pensión en este momento un promedio de 1,1 millón, ósea casi la tercera parte de la PAM.  Pero según las proyecciones del MEF, de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), de la ONP y de la Caja Previsional Militar-Policial (CPMP), para el año 2025 habrá un crecimiento del 40% de la PAM, razón por la que estaremos hablando de 5,5 millones de personas en esta condición; mientras la población de pensionistas solo subirá 13,18%, lo que significa 1,5 millones.  Es decir que nos seguiremos manteniendo en apenas la tercera parte de cobertura pensionaria al adulto mayor, pero en números globales la cantidad de persona s desamparadas, en edad de jubilación y sin un centavo de pensión habrá subido a tres millones. (Delgado y Fuertes, 2010, p. 21,22).

Esta situación es lo que añade más crisis a la crisis, lo que propicia en primer lugar una urgente reforma de nuestros sistemas previsionales a fin de atraer a más personas, que hoy no se sienten correspondidos por ningún sistema de fondos que les garantice una jubilación justa y equitativa, y en segundo lugar la cruda realidad que sufren los adultos mayores afiliados tanto al sistema privado como al nacional, cuya administración y distribución resulta muchas veces incongruente y no razonable con la expectativa de aportes brindados a través de los años, sea a su Cuenta Individual de Capitalización, como en a su Fondo solidario. Deviniendo en deficiente a la hora de privarles de una crisis mayor de pobreza tan profunda, que al final y de todas formas redundará, en un perjuicio en mayor o en menor medida a toda la población en su conjunto.

LA COVID 19 Y SU RELOJ DESPERTADOR.

Un virus se ha desperdigado por el mundo, del que poco sabemos hasta el momento, pero reconocido hasta hoy como una especie de miembro familiar, del cual nunca supimos de su existencia, más derrepente, hizo su aparición repentina y misteriosa, semejante al tremebundo asombro que causa la aparición de aquel pariente que nunca conociste pero que después de 30 años, se aparece para reclamar la parte de su herencia. 

Los coronavirus (CoV) son una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, como ocurre con el coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV). Un nuevo coronavirus es una nueva cepa de coronavirus que no se había encontrado antes en el ser humano. Los coronavirus se pueden contagiar de los animales a las personas (transmisión zoonótica). De acuerdo con estudios exhaustivos al respecto, sabemos que el SRAS-CoV se transmitió de la civeta al ser humano y que se ha producido transmisión del MERS-CoV del dromedario al ser humano. Además, se sabe que hay otros coronavirus circulando entre animales, que todavía no han infectado al ser humano. (OMS, 2020, Parrafo 2)  

Han pasado casi 4 meses desde que China notificó un conglomerado de casos de neumonía en Wuhan (provincia de Hubei), el 31 de diciembre de 2019 (OMS, 2020, Parrafo 2), para posteriormente determinar que están causados por un nuevo coronavirus, ahora también denominado, La Covid 19, originando hasta el presente artículo, según cifras oficiales, una tasa mundial aproximada de 170 mil muertos, y las extra oficiales como las proclamadas por reportes del Washington Post, y The New York Times, examinados por la página de Fact – Checks, snopes.com, que relatan una versión, sin poder desmentirlos categóricamente, sobre una caída de 21 millones de suscriptores de teléfonos celulares y 840,000 usuarios de teléfonos fijos, en China a principios de 2020, precisamente cuando  la pandemia comenzaba a arreciar con todo su furor, que incluso hasta ahora que “las autoridades dicen que la epidemia está bajo control, los funcionarios están presionando a los familiares para que entierren a los muertos de manera rápida y silenciosa, suprimiendo la discusión en línea sobre las muertes a medida que surgen dudas sobre el verdadero tamaño del número real de acaecidos por la pandemia”. (Qin y Li, 2020, Parrafo 4).  Lo que documentaría que la cifra de muertos por COVID-19 no se informó ampliamente en ese país.

Dándonos a entender así, que la verdadera cantidad de fallecidos, no solo en China sino en todo el planeta, a causa de este virus, que ha demostrado ser más dañino que los mencionados precedentemente y pertenecientes a la misma familia viral, podría ser tan astronómica, asemejándolo tan solo a una tragedia de proporciones bíblicas, conforme a lo manifestado por Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo.

Se dice que la Covid 19, es un virus muy pesado, con un diámetro de 60 a 220 nanómetros, inclusive más grande y pesado que los virus del papiloma humano, sarampión y hepatitis, por lo que ante un estornudo, que por lo general tiene un rango de duración de 150 milisegundos, es decir muy rápido, la proyección de distancia que puede recorrer el virus no pasa de 1,20 m, pues debido a su gran peso no le permite extenderse más allá, pero también tiene un RO, que está referido a su capacidad de contagio, muy superior a todos los demás coronavirus.  A tal punto que una sola persona infectada puede contagiar de 2 a tres personas a una velocidad impresionante, y que de no tomarse las medidas epidemiológicas preventivas, como mantener una distancia de 1,50 m entre persona a persona, aunado al del aislamiento social, en dos días se pueden duplicar los casos, y llegar a sorprendernos, con cifras de transmisión por personas, en números realmente impredecibles. 

En Corea del Sur, se rompieron muchos esquemas con el caso de una paciente conocida como la numero 31, esta mujer asistió a un funeral, luego fue a un supermercado de compras, y después asistió a la Iglesia, pero a su regreso tuvo un accidente de tránsito leve, volviendo otra vez a la Iglesia en unos días, andando suelta a sus anchas, confiada por no presentar síntomas.  Sin embargo tuvo la capacidad de incrementar abismalmente el número de contagios de su país, disparándose de 30 a 1200 casos por persona, provenientes de los sitios por donde esta mujer había transitado, transmitiendo el virus, sin darse cuenta, a más de 1000 infectados solo en un promedio de 3 días. 

Esta pandemia, es tan peligrosa que solo tardó 67 días en llegar a los 100 mil contagios, y en 11 días más, ya había 200 mil, para solo 4 días después alcanzar la espantosa cifra de 300 mil, pensando que eso sería suficiente, pues nos equivocamos, ya que al momento que se concluye este documento, ya pasamos, según datos oficiales, los 2 millones y medio de contagiados en todo el mundo.  

Ahora, esto nos lleva a un análisis un poco más profundo, que nos puede aproximar a descubrir, cuales son las características humanas, propias, que se presentan como las más vulnerables y expuestas, a no solo recibir el contagio del virus, sino además de ser más propensos por tener enfermedades preexistentes y por tanto no encontrarse en la capacidad de resistir al virus por mucho tiempo, desencadenando sus no deseados fallecimientos, y es que son las mismas autoridades sanitarias, que para contestar esta interrogante, no hacen más que repetírnoslo: “hay que tener muchísimo cuidado con nuestros mayores porque es la población más vulnerable al coronavirus. En gran parte, las drásticas medidas que se están aplicando y que se resumen en el confinamiento generalizado de la población se explican por la necesidad de evitar el contagio entre los mayores de 70 años. Primero, porque su salud y su vida corren serio peligro; segundo, porque al atacarles con más virulencia precisan de hospitalización y cuidados especializados que empiezan a escasear”. (López, 2020, Párrafo 1).

Los registros no mienten, en toda Europa, una sociedad envejecida y en donde 1 de cada 5 personas es mayor de 65 años y además, donde cuya única esperanza de aumento de la población viene de la inmigración. (Cnnespanol, 2018, Título), la tasa de mortalidad de los adultos mayores, ha llegado a más del 60 %, solo en Italia, que es después de Japón el país con más adultos mayores en el mundo, a inicios del mes de marzo, antes de su pico de contagios, registraba entre sus cifras de fallecidos, a los mayores de 60 años en una representación de más de 90% del total.  Fuente: La Vanguardia.  Una situación para nada aislada, dado que aquí en nuestro país, según la sala situacional del Ministerio de Salud, de los 445 fallecidos hasta el momento, 301 son personas mayores de 60 años, pese a que el índice de letalidad del virus es bajo, representando el 67,6% del total de decesos. (Diario La República, 2020, Parrafo 1).  Un dato, que nos sacude y que nuevamente, después de mucho tiempo en la historia, nos hace volver nuestra atención hacia nuestros ancianos, que han sido en estos últimos años de ‘chorreo’ económico, los menos acordados y atractivos para los gobernantes de turno, tal como lo dijera por su parte, Philippe Vanhuynegem, director de la Organización Internacional del Trabajo(OIT) para los Países Andinos, que: “en tiempos de paz y de crecimiento económico, los adultos mayores sin cobertura son invisibles., de manera que esta crisis generada por el coronavirus (Covid-19) obliga a todos a mirarlos de frente”(Diario Gestión. 2020. Parrafo 7).  Y esto en forma de Reloj Despertador, cuando después de un sueño profundo, nos hace abrir los ojos y decir, ya es hora.   

EL REDISEÑO URGENTE

La oportunidad a modo de urgencia, que en tiempos de coronavirus, estamos teniendo es de poner en agenda una importante discusión sobre la inversión que estas Administradoras de Fondos de Pensiones realizan del dinero de los trabajadores, con el descubierto resultado de tener millones de soles perdidos durante los últimos años, sin ofrecer por parte de estas administradores ninguna justa explicación a los dueños de sus aportes, y esto debido a que gracias a esta crisis lo peruanos estamos despertando, al acudir a una de las soluciones económicas planteadas por el gobierno, que nos socorra a soportar una extensa cuarentena. El retiro de una parte de los fondos de las AFP.

Hace ya más de 20 años, especialistas en asuntos de seguridad social del Banco Mundial (Avering the Old Age Crisis, 1994) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económica, OCDE (Maintaining Prosperity in an Ageing Society, 1998) han afirmado que los sistemas de pensiones en todo el mundo vienen enfrentando serios problemas, ofreciendo entre la principal causa de ésta, entre los países desarrollados, los resultados no esperanzadores de los cambios demográficos, como consecuencia del envejecimiento de sus poblaciones, pero que sin tratarlo de manera directa dejan entrever, que esta causa está alejada un poco en los demás países sobre todo de los que están en desarrollo, de ser la causa principal, sino de una manera ligada más íntimamente al desempeño deficiente de sus sistemas públicos de seguridad social, la cual fue el caballito de batalla, de las recién conocidas Administradoras de Fondos de Pensiones(AFP), por los años 90’, y esto debido a las irregularidades en la gestión pública de administración de pensiones, suscitadas por el Sistema Nacional de Pensiones, creado por Decreto Ley N° 19990, el año 1973, y que unificó diferentes regímenes existentes anteriormente, pero licuando los fondos de los jubilados de finales del siglo XX, haciendo que estas nuevas entidades privadas se encaramen por sí mismos, como la alternativa salvadora para reivindicar al desprotegido y discriminado pensionista.

Sin embargo, lo que algunos no saben, es que este modelo importado de chile, ciertamente hoy con pobres resultados en su lugar de origen, desplegó una masiva campaña de difusión, en el cual se buscaba exhibir las ventajas de un modelo, que imprimía un nuevo sistema de administración de los fondos pensionarios, que pronto terminarían coberturando a los nuevos jubilados, que al ver los problemas que tuvieron que sufrir los pensionistas de la anterior generación afiliados al SNP, quisieron obtener una suerte diferente,  y más cuando sin tomar conocimiento, que este sistema también presentaría inconvenientes, incrementaron sus expectativas, hasta el punto de sin darse cuenta enriquecer a un grupo empresarial, oligárquico y arbitrario, conformado por un grupo cerrado de 4 AFP (Habitat, Integra, Prima y Profuturo), que más parecen siameses, por la simbiosis que comparten en el sentir, de continuar incrementando sus utilidades, a costa de convidar una reducida tajada de la inmensa torta, convidada a raíz de una desdichada suerte que le deparan a la rentabilidad de nuestros fondos previsionales.   

El dinero que administran las AFP, es nuestro, y cada año el monto que estas oligopólicas cuatro AFP, recaudan, se tornan en cada vez más espectaculares.  Solo en febrero de este año llegó a alcanzar más de 51 mil millones de dólares, que en moneda nacional vendría a ser 179 mil millones de soles, mucho dinero, para tan pocas empresas administradoras, que según los datos de la SBS, y esto debido a la falta de una competencia auténtica como manda la economía social de mercado, a la que el Perú se adscribió mediante su propia Constitución Política, a combatir las prácticas monopólicas, lo que, ante la falta de esta lucha que debe emprender el Estado, da pie a que éste grupo empresarial, acuerden a puro capricho sus inversiones y la rentabilidad de los montos recaudados por cada afiliado, tal como lo acaba de afirmar hace poco Fernando Klugger, un especialista en temas de pensiones, “Las AFP han invertido casi la mitad del dinero de sus afiliados en el extranjero, lo cual la hace vulnerable a los vaivenes de la economía mundial, como ya ocurrió en los años 2008 y 2018, pero sin el factor de que numerosos países paraban sus actividades comerciales como ocurre ahora… y les advertimos de esto, para que coloquen los fondos en inversiones nacionales, como construcciones de vías, o bancos, pero no hicieron caso. Prefieren colocar los miles de millones en sectores de su argolla”. (Rojas, 2020, Parrafo 5,6)

Según el Coeficiente de concentración de cuatro empresas (CC4E), utilizando las ventas de un determinado sector empresarial, determina el grado de concentración en un rango de casi cero hasta el 100 por ciento, en donde cero califican como competencia perfecta y 100 por ciento se expresa como monopolio. Para el cálculo de este coeficiente de concentración se utiliza una muestra de cuatro empresas, las de mayor participación de mercado según los niveles de ingresos de cada empresa. En esa línea de análisis, un índice de concentración de las cuatro empresas con el mayor nivel de ventas, que supere el 60% será calificado como un mercado de elevada concentración. En el otro extremo, un coeficiente menor al 40% expresará un mercado relativamente competitivo. (Flórez, 2014, p. 24)

Es decir que tanto si comparamos con cualquiera de los estándares resultantes, se llega a la conclusión, que cuando un sector está circunscrito a solo cuatro empresas, como sucede con el mercado nacional de las AFP, estaríamos claramente ante un tipo de oligopolio concentrado, que son conformados por empresas que colaboran entre ellas mismas para lograr mantenerse y evitar de esta manera la competencia, pues esto genera que las empresas ya no destinen su competitividad en beneficio del consumidor, sino de sí mismas, y así sucedan hechos que sean ajenos en transparentar sus reales motivaciones sobre las inversiones que realizan con dinero ajeno, inclinándose como ya se dijo a beneficiar a su argolla o su círculo de intereses subalternos, cuya opacidad no es práctica nueva en esta oligarquía sistémica, por ejemplo lo que si se llegó a descubrir, entre las otras que hasta el momento, no salen a la luz, y que pueda ser que siga ocurriendo hasta hoy, “en el 2009 la AFP Profuturo, incrementó la comisión variable que cobraba de 1,98 a 2,3%, sin explicación alguna a sus afiliados” (Burneo, 2010, p. 102).  Que significaba que los afiliados a esta AFP verían recortados sus salarios reales simplemente como resultado de una decisión unilateral.  Propio de estos tipos de mercado concentrados en donde el mismo grupo empresarial prioriza sus particulares intereses entre sí, a costa de seguir con sus abusos de forma inadvertida, frente un ente fiscalizador que está pintado en un óleo, mientras los consumidores persisten inútilmente, en defenderse de tales abusos con sus reclamos y quejas, sin conseguir ninguna sanción ejemplar de la que se pueda tomar como un referente jurídico, a modo de precedente vinculante, en favor de reducir la brecha de la denominada Asimetría de la Información, que busque a su vez reivindicar el miserable porcentaje de rentabilidad que recibe el afiliado, en comparación con las suculentas utilidades percibidas por las AFP, repartidas en jugosas dietas-altísimos honorarios extraordinarios- entre sus directorios, por cada uno de sus directores.

 CONCLUSIÓNES

Las AFP están envueltos como en una cobertura, propia de todo oligopolio, que les blinda de dar explicaciones a sus afiliados sobre sus unilaterales decisiones que toman, en referencia a sus aportes. La Falta de competitividad en el mercado de las AFP, no asegura la participación activa de los afiliados en la fiscalización de los fondos de pensiones.  Abramos las puertas a un mercado más libre y más justo, que eficientice y mejore las ofertas no solo del SPP, sino también de la también vetusta y enfriada en el tiempo SNP-ONP.

Para finalizar tan solo, con una pregunta: ¿Por qué no tenemos el control y la influencia que sí tienen, hasta más de la cuenta, quienes son meramente nuestros administradores, asalariados con las más altas comisiones que nos lo descuentan de nuestro sueldo todos los meses?

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Autor: Colin Fernández Méndez (SOCIO DE FERNANDEZ MENDEZ ABOGADOS)

Abogado por la Universidad Privada Antenor Orrego, con estudios de Maestría en Derecho Civil Empresarial, Trujillo-Perú, con especialidad en Derecho Administrativo por el Instituto de Capacitación Jurídica, y Especialización Avanzada en “Derecho del Trabajo”, por el Centro de Educación Continua de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y con estudios de especialización en Derecho Farmacéutico y Propiedad Intelectual por la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH), con Pasantías en el INDECOPI en “Propiedad Intelectual, Derecho de la competencia y Derecho Farmacéutico” y, en la Universidad de San Andrés (UDESA) de Buenos Aires, Argentina, dictado por la Maestría en Propiedad Intelectual e Innovación, en “Propiedad Intelectual y Life Science”.  Actualmente Miembro del Consejo Consultivo de la Sociedad de Derecho de la Propiedad Intelectual y de la Competencia.  Conciliador Extrajudicial del Centro de Conciliación Extrajudicial “Avendaño”, Socio y Abogado Principal del Estudio Fernández Méndez Abogados, y Autor del Libro “Una Revolución llamada Propiedad Intelectual”. 

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